Espíritu Pionero
- Juan Zavala
- 11 jun 2023
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 20 abr
¿Qué pasó?, si ya la tenían armada.
Hicieron caso omiso de que no agarraran nada.
-Pxndx
Cuando la doctora Emma llegó al proyecto Edén, no se imaginó que los cuerpos de Adán y Eva fueran tan sofisticados. Los movimientos eran tan precisos y su piel tan real que pensó que, si esas máquinas fueran insertadas en la sociedad, pasarían fácilmente desapercibidas. Un brillo locuaz en sus ojos delató su asombro.
La directora del corporativo la invitó a pasar al “Jardín” al notar su interés. Frente al gran Manzano, fueron recibidas por Jirel, el responsable del proyecto. Él le explicó que el objetivo era lograr que los androides aprendieran a cosechar un segundo Manzano y se alimentaran de su fruto. Sin embargo, a pesar de tener todas las herramientas a su disposición, sólo habían logrado, hasta el momento, resolverlo de la manera más lógica y menos humana posible: asesinando a su compañero para obtener una ración mayor o, en su defecto, comiéndoselo.
Era indispensable una programación cognitiva que se asemejara al cerebro humano para que los autómatas comprendieran la magnitud del problema. Lamentablemente, dicho sistema había sido prohibido por la ONU en el 2053 debido a la creciente falta de interés que las IAs mostraban hacia los problemas humanos y a su cada vez mayor autonomía. Decretaron, entonces, que las máquinas sólo servirían para trabajar y no para pensar. Por esta razón, la participación de Emma resultaba crucial, pues se sabía que era de las pocas programadoras capaces de desarrollar este software.
—Queremos devolverle a la humanidad el sueño del progreso. Imagina los beneficios que podríamos obtener al lograrlo —dijo la anfitriona, con un entusiasmo palpable en su voz—: la posibilidad de terraformar otros planetas y poner fin a la sequía que aqueja a nuestro mundo.
La doctora rechazó la invitación. Si desobedecían los mandatos de la ONU, corrían el riesgo de ser expulsados del círculo científico o, incluso, del Estado donde aún se respiraba aire natural. No podía arriesgarse. Sin embargo, la directora la persuadió de quedarse, argumentando que una mente como la suya, en colaboración con el Dr. Jirel, lograrían un gran avance científico. Le habló de premios y reconocimientos, así como de la oportunidad de dejar una huella imborrable en la historia como la salvadora de la humanidad. Emma reflexionó sobre la trascendencia de su trabajo y en su anhelo de que su nombre estuviera junto a las figuras más brillantes de la ciencia como Tesla, Curie, Einstein o Newton. Finalmente, esos pensamientos y ambiciones terminaron por convencerla.
Después de meses de arduo trabajo, la doctora logró desarrollar un nuevo algoritmo que se implantó rápidamente, incluso antes de pasar todas las pruebas del simulador. La urgencia se debía a los rumores sobre un proyecto similar que estaba en desarrollo por parte de la compañía rival, y tanto Emma como Jirel estaban determinados a no decepcionar a la directora.
El sistema resultó ser un éxito. Adán y Eva comenzaron a trabajar en equipo de manera eficiente, primero recolectando los frutos y luego distribuyendo el alimento equitativamente. Su desarrollo había sido tal que, entre algunos sonidos y palabras, estaban aprendiendo el lenguaje sin habérselos programado. Los pronósticos apuntaban a que, en unos pocos meses más, el segundo Manzano comenzaría a dar sus primeros frutos.
A pesar de todo, Emma comenzó a sentir cierto temor hacia las máquinas. Al principio se trató de incomodidad al notar que la observaban y también a su colega, como si los evaluaran. Después fue reemplazado por un sentimiento de miedo cuando detectó que aquellos balbuceos que pronunciaban eran una especie de comunicación que sólo ellos entendían. Pensaba que lo mejor sería detener el proyecto y esperar los resultados de la simulación, incluso si eso significaba prolongar el desarrollo. Quería compartir sus preocupaciones con Jirel, pero no pudo hacerlo. Él parecía estar cegado por el progreso que habían logrado sus creaciones, estaba convencido que tenía en sus manos el siguiente eslabón evolutivo.
Esa noche, Emma recibió un mensaje urgente de Jirel: Eva había asesinado a Adán. La doctora acudió de inmediato, convencida de que lo mejor sería desprogramarla antes de que la situación empeorara. Al llegar, vio de espaldas a su compañero junto al primer Manzano, frente a él yacía un cuerpo. Llamó a Jirel, pero este no se volteó. Pensando que podría estar en un estado de shock por lo ocurrido, se acercó y le habló de frente. Sin embargo, palideció al encontrarse con el rostro de Adán en las ropas de su colega. Miró el cadáver y se dio cuenta de que era el de Jirel. Intentó gritar, pero fue emboscada desde lo alto del árbol por Eva, quien la golpeó con fuerza, fracturándole algunas costillas. En el suelo, con el sabor de hierro en la boca, quiso arrastrarse para escapar, pero Adán la tomó de sus tobillos para que Eva pudiera terminar su labor.
Al día siguiente, la directora de industrias Intel encontraría los cadáveres de sus subordinados en el Jardín, despojados de toda prenda. Minutos después, avisaría a la Organización de las Naciones Unidas que el proyecto Edén había sido un fracaso y que dos de sus androides se encontraban sueltos allí afuera.


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