Durmiendo con fantasmas
- Juan Zavala
- 10 may 2023
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 26 oct
Cause soulmates never die
—Placebo.
Fue en la quinta sesión de Laura cuando al doctor Guillermo le comenzó a rondar una extraña idea. Idea que, pese a ser absurda y ridícula, no podía sacar de su cabeza. Un psiquiatra como él no podía ni siquiera mencionar tal asunto, era tan descabellado que corría el riesgo de perder toda credibilidad como médico. ¿Dónde quedaba la ética?, se decía una vez más mientras caminaba de un lado a otro por su despacho.
Sin embargo, pensaba en lo que Laura le había contado esa mañana. Aquello tenía una peculiar similitud con la historia de otro de sus pacientes; Luis, un joven que curiosamente compartía con ella la edad y fecha de nacimiento. Ambos aseguraban haber vivido otras vidas y sólo podían recordarlas cada vez que soñaban. Lo extraño era que, en estos sueños, siempre se encontraban con un antiguo amante, alguien con quien habían compartido esas vidas, pero ninguno de los dos podía recordarlo enteramente. Por ejemplo, Laura describía cualidades de su enamorado, como el color de cabello o su estatura, e incluso afirmaba recordar el tono de su voz al despertar, pero no lograba acordarse de su rostro o nombre. Luis, por su parte, aseguraba saber el olor que ella tenía, el sonido de su risa y hasta garantizaba poder reconocer el sabor de sus labios. Pero, al despertar, no retenía el color de sus ojos, ni la tonalidad de su piel.
Era un disparate, lo sabía. El simple hecho de que sus pacientes sólo vislumbraran siluetas en sus sueños significaba un complejo de soledad y abandono, generado por el duelo de una reciente ruptura amorosa que, en todo caso, también compartían. No podía dejarse llevar por especulaciones, ni fantasías sobre amores eternos, incluso si sus pacientes se empeñaban en decir que su pareja perpetua se encontraba allá afuera, buscándolos. Si aceptaba la idea de que dos personas pudieran encontrarse en sus sueños y, más aún, creer que eran amantes eternos que habían vivido otras vidas y reencarnado sólo para encontrarse, entonces debía considerar ser atendido por un colega.
Pero la historia seguía resonando en su cabeza y cada vez con mayor fuerza. Pensaba que, si todo aquello era cierto, él podría ser la pieza que faltaba para juntarlos. Tenía una obligación profesional de no divulgar nada sobre sus pacientes, pero también sentía el deber de ayudarlos a reunirse. Era humano, sabía lo que significaba enamorarse. Además, la curiosidad de saber qué pasaría no lo dejaba dormir.
Sin darle más vueltas al tema, decidió citar a los jóvenes y de una vez aclarar el asunto. Lo que ocurrió ese día fue sorprendente, especialmente para el doctor, quien no podía dar crédito a lo que veía. Luis, al llegar al consultorio, supo de inmediato que la chica que se encontraba frente al psiquiatra era la mujer de sus sueños. En cuanto a Laura, al escuchar la voz del joven, rompió en llanto al reconocer a su amado. Ambos se abrazaron de inmediato y sellaron su encuentro con un largo beso. El doctor Guillermo concibió una satisfacción enorme al haberlos ayudado a reunirse; era él el responsable de haber juntado a dos almas gemelas.
Después de aquel conmovedor encuentro, los tres tomaron asiento y dialogaron de los sueños, de las otras vidas y del amor eterno.
Del otro lado de la habitación se encontraba Eugenia, la secretaria del doctor. Había llegado once minutos antes al trabajo y estaba ya en su escritorio escuchando al doctor Guillermo en su despacho. Pensó en interrumpirlo, pero no lo hizo, a decir verdad, la situación la hacía sentir incómoda. Era la sexta vez que lo encontraba hablando sólo. Quizás lo que más le asustaba era que, en sus monólogos, el doctor mencionara los nombres de dos de sus pacientes, quienes habían dejado de ir hace mucho tiempo.


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